Hoy en día, y debido a la situación que nos está tocando vivir, vemos cómo la gestión de la motivación, ilusión y actitud de la gente es lo más importante (ya lo era antes) dentro de las compañías. Una empresa son los empleados que la forman, su activo más valioso y el único no copiable, además de la relación entre ellas y la capacidad de aportar soluciones en común. Sin ellas, no hay nada.

 

Por ello, las empresas tienen que agudizar el ingenio para conseguir que el mundo online no nos separe, no rompa esas relaciones e incluso las fortalezca. Existen innumerables herramientas que nos permiten comunicar y conectar, pero ninguna de ellas crean cultura, ambiente y fortalecen equipos.

 

Nos llamó un cliente diciéndonos que querían crear una actividad que unificara culturas, en un entorno virtual y que no se hablara de trabajo…

 

¿Y ante esto qué hacemos?

 

Lo primero que hicimos fue analizar el grupo que iba a acudir al evento para sacar algo en común que nos permitiera unirles. Nos dimos cuenta que había gente de Portugal y de España y que una cata de vino en inglés permitía disfrutar, analizar y aprender sobre las diferencias vinícolas entre ambos países. Podía ser divertido.

 

 

 

¿Cómo organizamos una cata de vino virtual?

Lo primero se escoge el día y la hora, se busca un enólogo y se definen los vinos que se quieren catar, los porqués de esos vinos, las diferencias y características. Porque no nos olvidemos, tenemos que montar un evento de una hora alrededor de esta temática…

 

Una vez definidos los vinos, elegimos el mejor acompañamiento. Acompañamientos que permitan resetear las papilas gustativas, que refuercen el sabor del vino y permitan crear un matrimonio perfecto. En este caso y debido a las características de los vinos (uno más afrutado, otro más seco, diferentes grados de alcohol, años de fermentación en barrica, tipo de uva…) decidimos que no había mejor acompañamiento que jamón ibérico 100% bellota.

 

Elegidos los vinos y los acompañamientos, lo empaquetamos en una caja reforzada que permita enviarlas a casa de los participantes y que todas las botellas lleguen enteras. Hacemos un seguimiento de los pedidos para resolver las posibles incidencias y voilá; todo el mundo el día y a la hora citada tiene su caja con sus vinos y su ración de jamón ibérico 100% bellota.

¿Y durante la cata?

 

Una vez que estén todos conectados, empezamos descorchando los vinos, los dejamos que se oxigenen para servirnos la primera copa. La cata utiliza (casi) todos los sentidos… empezamos por el color y analizamos el lagrimal que deja en la copa, seguimos por el olor y empezamos a ver a que nos recuerda y qué toques tiene (esto depende de la barrica, el suelo de las viñas, el clima…), continuamos con el gusto y empezamos a probarlo en el paladar y vemos si esos olores y el sabor “casan”. Desde luego que aprendimos que la cata es un arte y el saber diferenciar vinos por su color, olor y sabor está al alcance de muy pocos privilegiados porque el resto de los mortales nos apoyamos en el mundo binario: nos gusta o no nos gusta…

 

Al final de la cata se pregunta a la gente por sus impresiones y preferencias y vemos que hay un sinfín de respuestas y que como todo en la vida…depende. Depende de con que te lo tomes, del humor que tengas ese día, de la temperatura, de la estación de año… Por ello, lo mejor es tener una pequeña bodega con vinos que te guste disfrutar en cualquier momento y en cualquier circunstancia. Porque como decía Georges Brassens: “El mejor vino no es necesariamente el más caro, sino el que se comparte.”